Autor: Bar Business

Al igual que hay grandes profesionales que desde pequeños sabían lo que querían y se formaron y lucharon por conseguir su anhelado éxito, a otros, en cambio, la vocación les llega de forma casual, en el propio desarrollo de la actividad, como un descubrimiento inesperado que, gracias al tesón y la búsqueda de la perfección, también tiene su recompensa.
Éste último es el caso del chef Rafael Centeno. El hoy cocinero fue antes que nada deportista profesional, en la modalidad de Pentatlón Moderno. Después se diplomó en Relaciones Laborales en Lugo, su ciudad natal, para finalmente recalar en Vigo, donde gracias a la insistencia de su entonces mujer, abrió el actual restaurante, Maruja Limón.
“Siempre nos gustó mucho comer e ir a restaurantes, pero la verdad es que yo no tenía mucha ilusión por aquello, porque consideraba que iba a complicarnos la vida”, comenta Centeno en nuestra agradable conversación.
Lo que no sabía entonces el actual chef era que la cocina le iba a cautivar de tal forma que incluso alcanzaría lo que muchos cocineros anhelan: la estrella Michelin, que la Guía Michelin 2011 le concedió y que la de 2012 le ha mantenido. Un mérito que no se esperaba y que el chef atribuye al esfuerzo de “toda la gente que trabaja en el restaurante”, según quiere recalcar.
Cuando se inauguró Maruja Limón, en 2001, Centeno comenzó a trabajar en la sala donde estuvo durante el primer año y medio de vida del restaurante. Según él mismo afirma, paulatinamente, se iba fijando más en la parte gastronómica y se dio cuenta de que le gustaba mucho más la cocina. Así que durante otro año trabajó en los fogones junto al cocinero de gastronomía tradicional que trabajaba con ellos, que “hacía la cocina gallega de siempre”. A partir de ahí, Centeno tomó las riendas de la cocina, “aprendiendo a base de trabajar, ver, leer, comer por ahí…”.
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